Esto es Heartland Rock. Este verano se pasa por Europa (que no por España, lamentablemente). Berlín, Manchester y Londres me pillan bien. Quizá sea Manchester la elegida (por aquello de que no conozco la ciudad). Aunque el tío se haya pasado con el bótox:
domingo, 27 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
Media Maratón Universitaria 2011
El último domingo corrí la Media Maratón Universitaria, que celebraba su trigésima edición por las calles de la ciudad universitaria de Madrid. Se trataba de la tercera carrera que corría en el último año (de hecho, desde la edición del año 2010 sólo había disputado la San Silvestre) y espero correr alguna más antes de la disputa de la próxima edición.
¡Y es que esta carrera me encanta! No transcurre por el centro de Madrid, no hay gente animando (al menos, no más de la habitual en cualquier otra carrera que se dispute por la capital a las nueve de la mañana de un domingo) y, en absoluto, se trata de un recorrido sencillo.
Campo de Rugby junto a la meta
Algo debe tener para dejarme con buen sabor de boca los dos años que la he corrido. En primer lugar, se trata de una carrera para todos los públicos. Me explico: al circuito (indicado más abajo) que tiene una longitud de siete kilómetros, se le dan tres vueltas, pudiendo el corredor entrar en meta en cualquier de ellas. De ahí que sea un carrera idónea para aquellos que están empezando a correr y que ven los 10 kilómetros (distancia estándar de la mayoría de las carreras populares) como “palabras mayores”, para aquellos que, por el contrario, no tienen la capacidad suficiente para correr una media maratón pero que se quedan con ganas tras correr 10 kilómetros (mi caso) y, por último, los 21 kilómetros (bien medida) es una prueba adecuada para la maratón madrileña de dentro de sólo unas semanas.
Pues bien, alrededor de cuatro mil corredores nos dimos cita el pasado domingo en la Glorieta del Cardenal Cisneros, dispuestos a correr más o menos metros, a mayor o menor intensidad, según la voluntad de cada uno. A mí me divierten estas carreras, al principio (en los dos últimos años), lo consideraba más como un reto, intentaba ver cuál era mi límite (dadas mis posibilidades de entrenamiento) en una distancia tan clásica como los diez mil metros. El domingo tenía pensado correr 14 kilómetros (ya lo había hecho el año pasado) pero sin más aspiraciones. No tenía la base de entrenamiento necesaria (apenas había corrido un par de veces sesenta minutos en los últimos dos o tres meses) y, aunque no tenía dudas de que iba a acabar sin problemas, no quería emocionarme para no tener que arrepentirme luego. Pero seguiré con el recorrido de la carrera y luego ya hablamos de mis sensaciones y de cómo acabe. ¡Que ya digo que si acabé!
Recorrido de la carrera
La salida se realiza desde dicha Glorieta – junto al Complejo Deportivo Sur - en dirección hacia el INEF. Allí se gira a la derecha hasta la parte de atrás de la Facultad de Periodismo. Los primeros dos o tres kilómetros son descendentes y el buen ambiente es la tónica habitual. Tras pasar Periodismo hay una cuesta de unos trescientos metros que interrumpe cualquier conversación que haya entre los corredores. La cuesta se suaviza pero el terreno es ascendente en el siguiente kilómetro y medio, más o menos. Pasamos por la Facultad de Biología y vamos rodeando el polideportivo Norte. Excepto policía, personal de la organización (excelente en todo momento, para mi experiencia) y algún familiar que ha acudido a animar, estamos solos. Otro pequeño repecho mientras rodeamos Farmacia y nos dirigimos, por la parte de atrás, hacía Medicina y ya afrontamos los últimos dos kilómetros de esta primera vuelta. Llegando de nuevo a la Glorieta del Cardenal Cisneros se encuentra el punto de avituallamiento. Es la primera vez que tomo avituallamiento en vaso (siempre hay botellas y ahí me manejo razonablemente bien para echar algún trago). Descubro que tengo que practicar mucho el avituallamiento en vaso si quiero triunfar en el Maratón de Nueva York, jaja, porque soy prácticamente incapaz de beber algo.
Toda la carrera la estoy haciendo a ritmo de 6:10 el kilómetro, quizá algo más lento de lo que puedo pero mi intención es acabar las dos vueltas, no hacer tiempo. El año pasado paré el reloj en una hora y dieciséis minutos (y yendo bastante tranquilo) y sé que este año no voy a poder acercarme a esos números. Los últimos trescientos metros son nuevamente de subida hacía el polideportivo sur y a mí se me hacen un poco agobiantes. Consigo coger una botella de agua y me dispongo a dar la segunda y última vuelta al recorrido. Volvemos a bajar pero ya no hay tantos gritos como la primera vez que pasamos por esas calles. Mi objetivo es llegar a las inmediaciones de Farmacia & Medicina sin sufrir (¡que no quiero sufrir, vaya!) y lo hago sin bajar el ritmo de la primera vuelta, de hecho creo que voy un pelín más rápido. Mis sensaciones son mejores, me noto menos agarrotado de piernas, casi con ganas de dar una tercera vuelta, aunque no voy a hacer locuras que tenemos que trabajar al día siguiente. Algún día correré veintiún kilómetros (¿y una maratón!) pero, como dijo Vito Corleone, ese día puede que no llegue nunca, así que de momento me centro en disfrutar estos últimos metros. Voy por el kilómetro doce o trece y no tengo ganas de parar, pareciera que podría correr todo el día.
Vuelvo a pasar por el avituallamiento y, esta vez, decido que es mejor pasarme que quedarme corto. Como resultado creo que he ingerido más Gatorade por la nariz que por la boca, menos mal que hay una baja en la que puedo recuperar el resuello. La última cuesta se me hace interminable y entro al polideportivo (Tercera vuelta recto, meta a la derecha, no paran de repetirme por megafonía). Quedarán doscientos o trescientos metros, la pista de ceniza del polideportivo es el final perfecto para toda carrera, un pequeño acelerón final y ya está. Catorce kilómetros en una hora y veinticinco minutos. Hace veinte minutos que ha llegado el primero en correr los veintiún kilómetros, pero esa no es mi liga. Too good.
El domingo por la tarde tuve un ligero dolor en la cara exterior de las rodillas, que desapareció enseguida. Lunes y martes tenía agujetas moderadas, nada con lo que no se pueda vivir, jaja. Se me cargó un poco el gemelo derecho pero ya no noto nada. En definitiva, una muy buena experiencia que me anima a continuar corriendo en estos próximos meses de primavera.
domingo, 6 de marzo de 2011
Season endings
Acabé ayer de ver la tercera temporada de The Wire y me veo casi obligado a poner aquí los últimos minutos del capítulo final. Son unos pocos minutos en el que nos cuentan qué pasa con todos los que me han tenido en vilo en las últimas trece horas una vez acabada la temporada. Me pareció muy bueno, incluso mejor que aquéllos finales de The West Wing y eso que siempre me encantó la selección musical que tenía aquella serie (especialmente para los finales de temporada) pero hay que reconocer que The Wire es incluso superior. Creo en parte que es porque The Wire es lo más parecido a la realidad que he visto nunca en televisión. No es una serie "al uso". Pero bueno, de eso ya hablaré cuando me ventile las dos temporadas que me quedan y que me temo que va a ser pronto (y digo me temo porque no pueden ser buenas las panzadas que me estoy metiendo a ver capítulos). Bueno, aquí van esos minutos, la canción es Fast Train en voz de Solomon Burke:
Como decía, The West Wing también trataba muy bien este tipo de finales. Dejo aquí el de la segunda temporada. Un día de perros, tras el funeral de la Señora Landingham (o como se escriba, pero la secretaría del presidente me encantaba, sobre todo cuando ofrecía caramelos a unos colaboradores del presidente y se los negaba a otros), el presidente se dirige a la prensa, puesto que se acaba de filtrar que tiene esclerosis múltiple y hay una pregunta en el aire: ¿buscará la reelección? La música es Brothers in Arms de los Dire Straits:
sábado, 26 de febrero de 2011
Concierto George Mileson
El sábado pasado estuve en el concierto que dio en Madrid George Mileson. En él se presentó su disco Leap of Faith, tributo a Bruce Springsteen y, aprovechando, se celebró también la convención del Stone Pony, el club de fans del cantante de Nueva Jersey en España.
El lugar era la Sala Silikona, en el barrio de Moratalaz (Plaza del Encuentro nº1), lo que, para que negarlo, me venía un poco a desmano. El metro no era la mejor opción, pues tenía que hacer tres cambios de línea, así que tuve que ir en coche. Al final, no hubo problemas para aparcar – no hay nada que me estrese más que conducir por Madrid – y lo dejé a escasos cincuenta metros del lugar del concierto.
El programa de la velada era el siguiente: las puertas se abrían a eso de las ocho, a las ocho y media comenzaba la proyección del documental The Promise: The Making of Darkness on the Edge of Town (que yo ya había visto hace un mes cuando me compré la correspondiente caja) para finalizar a las diez con el show de George Mileson, en el que iba a interpretar el disco Darkness en su integridad.
Al evento acudo sólo y prefiero ver el fútbol en los televisores del local (Real Madrid – Levante) que el documental en la pantalla gigante. Se me pasa el tiempo relativamente rápido y cuando me doy cuenta son las diez en punto. Cinco minutos más tarde los músicos ya están sobre el escenario (hay una guitarra, un bajo, una batería, unos teclados y un saxofón) y sólo falta el cantante (también toca la guitarra y la armónica). Sobre las diez y diez comienza a sonar la música y se despeja una de mis dudas. Como dije antes, en los carteles del concierto sólo se decía que se iba a interpretar el disco Darkness en su integridad, por lo que tenía el temor de que, efectivamente sólo se tocase ese disco y no otras canciones (con lo cual el concierto duraría apenas una hora…bastante poco para mi sed de música springsteeniana). Prosigo. Comenzamos muy fuertes con Radio Nowhere, de manera que todos (unas cien o ciento cincuenta personas, de edad media rondando la cincuentena…con algunas excepciones) entramos en calor enseguida.
Tras este abrir de boca, ahora sí, le toca el turno a Darkness. Poco a poco se van sucediendo todas las canciones de aquel disco ahora reeditado. ¡Por fin escucho Badlands en directo! Me decepciona un poco pero, claro, estoy acostumbrado a los vídeos de youtube donde esta canción retumba ante decenas de miles de personas, y eso se nota aquí, ante un aforo tan reducido. Antes de comprarme la caja con este disco simplemente conocía dos o tres canciones, de ahí que observe con envidia (e incredulidad) como el resto del personal se sabe de memoria las letras, yo a lo máximo que alcanzo es a tararear los estribillos. Llega Candy’s Room y el final sale un poco mal…menos mal que el público está entregado y se le perdona todo al cantante. Prove it all night contiene el magnífico sólo de guitarra de Bruce – salvando las distancias – que consigue el inmediato indulto al artista. A continuación suena The Promised Land, para mí, la canción mejor interpretada de toda la noche. La interpretación de la canción que da título al álbum, desgarradora, es también muy buena.
La banda se va y pienso que ahora harán el paripé de volver al escenario y tocar dos o tres canciones más para irse for good. Qué va, George Mileson se encarga de decir que ha acabado la primera parte del concierto (y ya llevamos justo una hora). Durante los próximos veinte minutos tocará él sólo la parte acústica del mismo. Suenan Leap of Faith (o Reason to Believe, ya no lo sé con seguridad…ambas sonaron pero no sé en qué momento. En cualquier caso, fueron las dos un descubrimiento para mi), el Can’t Help Falling in Love de Elvis, Pay me my Money Down (momento country) y Thanks (una canción de George dedicada a Bruce).
La banda vuelve y la actuación sube un escalón. Le toca el turno a los clásicos. Hasta ahora, han sonado simplemente temazos. No me acuerdo del orden exacto, pero el carrusel contuvo el Waitin’ on a sunny Day, The River, Hungry Heart (con el público entregado cantando – ahora yo también – la primera estrofa como hace Bruce en los conciertos), Tougher than the Rest (medio improvisada en los últimos dos días, según contaron), Cadillac Ranch, Thunder Road (mi canción preferida), Born to Run (excelente versión), No Surrender (¡qué decir! Un himno) o Dancing in the Dark. Ya han pasado las doce de la noche y los músicos llevan más de dos horas en el escenario. Es hora de acabar, y lo hacemos con Rosalita. ¡Fue increíble!
Salí muy, muy contento del concierto (lo que no es fácil) y con ganas de volver a asistir a uno. El próximo concierto será el 29 de abril en Barcelona pero esperaré a que vuelva a Madrid, ya que dijo que “muy prontito” iba a venir de nuevo, esta vez a tocar íntegro el disco Born to Run. Así que habrá que esperar a ello a falta del producto original (hay rumores de nuevo disco del Boss y gira con la banda para el año 2012 y, atención a esto, posible gira acustica de Bruce este mismo año). Dejo aquí la mejor canción de la noche, ahora interpretada por su artista original.
martes, 22 de febrero de 2011
La estatua del jardin botánico - Radio Futura
Hace unas semanas, subiendo por el Paseo del Prado, me acordé de esto.
sábado, 19 de febrero de 2011
Autokratie
Ayer viernes vi “La Ola”, una película alemana del año 2008 basada en el experimento “La Tercera Ola”, que fue llevado a cabo en un instituto de California en la década de los sesenta. El objeto de dicho proyecto era mostrar el peligro de que movimientos totalitarios pudiesen nacer de nuevo en el seno de sociedades libres y democráticas.
En la película, un profesor de un instituto alemán tiene que dar un curso de una semana sobre Autocracia. Sus métodos no son muy ortodoxos y, ya desde el principio, busca la reflexión y la participación activa de sus alumnos. Todos ellos niegan la posibilidad de que un movimiento autoritario pueda enraizar en su sociedad. El profesor, provocativo, inicia un experimento: a partir de ese momento, durante toda la semana, en su clase se actuará conforme a las reglas del movimiento que acaba de crear y del que es líder. Al principio son aspectos muy sencillos: tratar de usted al profesor, levantarse para hablar, sentarse erguido. Enseguida las cosas empeoran – uniforme, saludos, símbolos propios – y el experimento no tarda en sobrepasar el ámbito de la clase.
El profesor Weigner (La Ola) no es tan diferente al Señor Keating
No contaré más sobre la historia, por si acaso. Pero es una película que da que pensar. ¿Sería posible que sucediese eso aquí y ahora? ¿Es posible que una mayoría aborregada sea cautiva de algún charlatán que aparezca de un día para otro? ¿O una minoría activa – pero igualmente equivocada – pueda provocar el mismo efecto? ¿Tengo yo razón o quizá esté desatinado?
En cualquier caso, sí tengo clara una cosa. Hemos sido criados para reconfortarnos en el calor de la masa, cualquier atisbo de iniciativa propia es visto con recelo por la sociedad, que espera ansiosa nuestro fracaso para burlarse, a ser posible a nuestras espaldas. En este contexto no es raro que mucha gente, aún siendo consciente de esto y teniendo muchas cosas que aportar (a ellos mismos, a sus amigos, a la sociedad), esté todavía hoy estática, inerme, temiendo el inevitable error y la desaprobación de quienes les rodean. ¡Qué fácil es hablar y qué difícil vencer ese miedo a actuar!
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