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jueves, 25 de agosto de 2011

Siguiendo con las hamburguesas...

Tengo el blog algo abandonado, en parte por mis ausencias veraniegas y en parte porque no he encontrado temas para tratar por aquí o no me ha pasado nada interesante. Y voy  retomarlo con un tema con el que me diverti mucho al escribir de él y que es el de las hamburguesas. Ahora bien, esta entrada será más corta que la primera y tendrá un toque más internacional.

Empiezo con el In Dreams Café, en el que he almorzado hoy mismo. Se trata de un local pequeño, antiguo y que no está preparado para ser restaurante, si no que es más un bar tranquilo – tiene pocas mesas y algunos sillones – pensado más para tomarse algo en la tarde/noche y que ha sido recientemente adecuado para servir comidas, de momento, en horario de 13.30 a 16 horas. Está situado en la calle San Mateo de Madrid, por la zona de la calle Fuencarral, al lado del metro de Tribunal.

La decoración del local no es profesional – al estilo del Tommy Mel’s o el Peggy Sue – pero es bastante buena: posters de la ruta 66, fotografías de Elvis y John Wayne, etc. La música, de los años cincuenta y sesenta, está muy bien escogida y ayuda a que te sumerjas en la experiencia americana.


Respecto a lo importante, he de decir que he acabado muy contento con la calidad de la comida. En este enlace dejo la carta para consultar la oferta actual. Yo me he tomado una hamburguesa Elvis, que quizá llevaba demasiada salsa, pero no tengo queja alguna de la carne ni del pan, que no era industrial. Además, venía acompañada de unas patatas fritas cortadas en trozos más grandes de lo habitual, que a mí me suelen gustar más. No sé, pero me ha recordado a alguna hamburguesa que me hecho en casa con pan chapata. En mi clasificación de hamburguesas madrileñas pasan directamente al segundo lugar, por debajo del New York Burger pero, en mi opinión, no tienen nada que envidiar a las del Peggy Sue (local que me encanta pero creo que en tamaño y “naturalidad” del producto no supera a esta hamburguesa) o al cercano TM Burger. Es una mezcla extraña, porque estás comiendo un producto típicamente yanqui en un local que está decorado con esos motivos pero, al mismo tiempo, lo ves más de la casa. Junto a la hamburguesa me pedi una naranjada que se me quedó algo corta (en la carta sólo tenían cocacola, naranjada y limonada y esto debería ser uno de los puntos a mejorar), un brownie con helado de vainilla (rico,  pero pequeño y aquí el resto de hamburgueserías tienen buenos  productos) y un café con hielo. ¿El precio? 10 euros. Todo. Increíble.

 Hamburguesa Elvis.

Y abrimos la sección internacional con el Great American Disaster, un diner americano en pleno corazón de Lisboa que me habían recomendado hace ya tiempo y al que tuve la oportunidad de acudir la semana pasada.

El continente lo tienen muy bien cuidado: posters antiguos sillas y mesas acordes a la situación, camareros vestidos como en las películas, etc. Igual o mejor que el Peggy Sue o el Tommy Mel’s. En lo que gana de calle este restaurante es en la selección musical (allí descubrí esta versión del Don’t Think Twice, It’s Alright de Dylan por parte de The Seekers) aunque quizá abusaban mucho de Elvis. En cualquier caso, nada comparable al Peggy Sue, en el que da la impresión de que tienen 15 canciones que están sonando siempre.




El menú es muy completo, con ensaladas, hamburguesas, pizzas  y carnes, además de batidos y postres. Las hamburguesas vienen acompañadas de ensalada – ¡aunque sin aliño! – y patatas fritas (algo industriales) y, aunque el pan también es industrial y es bastante malo, la carne de la hamburguesa lo compensa. Probé también un batido que no estaba muy conseguido y varios postres – tarta de manzana y bollo de chocolate – que sí estaban ricos, especialmente la tarta de manzana.

 Hamburguesa Legendary Lisbon, bañada en salsa de café.

El restaurante está situado en la Plaza del Marqués de Pombal, y tiene unas vistas espectaculares del Parque Eduardo VII, más aún, al atardecer, con el sol dando al parque y a la avenida.

Voy acabar hablando del Ed’s Easy Diner, una cadena de restaurantes del Reino Unido en los que he tenido la ocasión de cenar un par de veces. Lo he hecho concretamente en el situado a la salida de la estación de tren de London Euston (que está cerca de Regent’s Park o de King’s Cross).

Quizá por las circunstancias que rodean mis visitas – suelo cenar allí cuando vuelvo cansado de trabajar todo el día – me parece el mejor restaurante: unas patatas con salsa de queso azul, la hamburguesa original y una cocacola de cereza ayudan a que te cambie el humor para el resto de la tarde. El continente – yo lo valoro casi más que el contenido – además acompaña: gramolas en la barra, mensajes graciosos en las paredes (idénticos a los del Tommy Mel’s) y música acorde. Un día tuve que comer en la barra – como el típico camionero que viene de Nebraska – y los cocineros (se les puede ver mientras te preparan los platos ya que la cocina no es cerrada) se pusieron a cantar y bailar la canción que sonaba.

 Having dinner at the counter!

¡Vaya! Escribir esto me ha devuelto las ganas de ir allá a zamparme otra hamburguesa…

viernes, 6 de mayo de 2011

Un día en la sierra

Era domingo de Ramos y el plan consistía en pasar el día tranquilamente en la sierra, dando un tranquilo paseo por la montaña, respirando aire libre y comiendo unos bocatas tranquilamente.

No sé muy bien en que momento cambió el plan pero lo cierto es que, en un abrir y cerrar de ojos, la situación dio un giro de ciento ochenta grados y el nuevo objetivo era subir el pico de Peñalara por la parte difícil, es decir, atravesando el risco de los Pájaros y el de los Claveles.
 
 

Para lo que no lo sepáis, Peñalara es el pico más alto (más de dos mil cuatrocientos metros) de la Sierra de Guadarrama, situada a algo menos de una hora de Madrid. Se puede ir a la laguna de Peñalara, que es una excursión asequible y bonita, pero no, nosotros decidimos ir en busca de la grandeza. Y con zapatillas de running.

La temperatura era idónea hasta sólo cinco o diez minutos antes de llegar al punto de partida (el aparcamiento del Puerto de Cotos). En esos cinco o diez minutos pudimos experimentar una bajada de más de diez grados de temperatura y vimos con estupor como aún quedaba bastante nieve en las laderas de la montaña por la que pasaba la carretera.
 
 Lo único que veíamos al principio

Íbamos razonablemente bien abrigados y comenzamos la subida por la pista forestal. En un momento, giramos hacia la derecha (el camino de la izquierda era la sencilla subida a Peñalara por Dos Hermanas, según los entendidos). Hasta ese momento sólo había niebla en el ambiente, así que no conseguíamos apreciar el paisaje. Cruzamos el arroyo de Peñalara siguiendo el camino hacia la Laguna Grande. El  camino está siendo sencillo aunque nada más cruzar ese arroyo (por un puente, no os preocupéis) hay un pequeño tramo de piedras bastante empinado en el que empiezo a darme cuenta de que, tal vez, no haya sido tan buena idea esto de ir a pasar el día a la sierra.
 
 El arroyo de Peñalara

Una vez coronamos ese pequeño repecho y, tras andar por otro camino (todo está bien señalizado) un rato, vemos nieve. Pero no como la habíamos visto hasta ahora. Aquí no ha hecho sol en toda la primavera. Hay un manto tremendo de ese polvo blanco que llega a cubrir prácticamente toda la laguna desde la ladera de la montaña.
 
 

De momento no hay peligro pues aún se puede andar por la tierra (o el barro), sólo hay que tener cuidado con los resbalones. Es en este momento cuando hacemos la primera parada para comer, tras llevar unas dos horas caminando.

La parada es bastante rápida y casi sin descanso retomamos la marcha, primero hacía la Laguna de los Claveles (cubierta completamente por la nieve) y luego hacía la de los Pájaros, momento en el cual tendremos que emprender la subida a Peñalara por el lado difícil (por la cara norte, vamos).

En este momento ya no nos queda más remedio que caminar sobre la nieve (recuerdo, con zapatillas de correr, con su membrana fina y todo eso). Estamos con los pies bastante calados (en algún momento nos hemos hundido hasta la rodilla) y, subiendo unos doscientos metros desde la laguna de los Pájaros hacía el risco del mismo nombre (hasta la altura de un primer collado), nos damos cuenta de que esto no es Misión Imposible, pero se le está empezando a parecer demasiado (con toda la chabacanería española de serie, por supuesto). Así que decidimos pensar un poco y desistir de nuestro objetivo (yo creo que tampoco lo hubiésemos logrado de hacer buen tiempo, pues no llevábamos la preparación adecuada y la montaña estaba muy empinada, a mi parecer).
 
Algo de vida (una mariquita) entre tanto frío

El camino de vuelta, algo aburrido por ser por el mismo sitio y no haber podido cerrar el círculo, nos sobresalta de vez en cuando ante comentarios del estilo: ¿por aquí hemos venido antes? Estos comentarios se repitieron cada diez, quince minutos, mostrando nuestra pericia como montañeros.
 
A la vuelta no había niebla

En el último tramo de la vuelta ya lucía el sol y se podía apreciar mejor el paisaje que no pudimos ver por la mañana.
 
 

Tras unas cinco horas de caminata, nos montamos en el coche y vimos el Monasterio de El Paular (yo tendré que volver porque mi grado de agotamiento hizo que no fuese consciente de nada) que está a apenas diez minutos continuando por la misma carretera. Seguidamente fuimos a tomar un refrigerio (estupenda tarta de chocolate y pera, en mi caso) a Rascafría y de allí emprendimos la vuelta a casa. Menuda forma de empezar la Semana Santa.

No siendo muy montañero (por falta de tiempo, de ganas, por el motivo que sea), me gustó la experiencia y me gustaría repetir. Claro, cuando ya no haya nieve. Y quizá con rutas más asequibles (tampoco me voy a comprar botas y el resto de equipamiento para ir dos días al año a la montaña). Let’s see.

Me gustaría comentar algo que un amigo denominó como la falsa camaradería de los montañeros. No entiendo porque hay que decir hola cada vez que te cruzas con alguien por la montaña…a mi me pasa también cuando voy a correr, que si me cruzo con alguien muchos saludan (y yo tengo que hacer un ademán con la mano, porque hablar no puedo, jaja). A ver, no me molesta, se dice hola y ya está. Pero, no sé, cuando voy al Corté Ingles no voy diciendo hola a la gente. Me gustaría saber si estos montañeros que saludan a desconocidos el lunes por la mañana les dan los buenos días a sus compañeros de trabajo.

sábado, 23 de abril de 2011

Hamburguesas en Madrid

No es esta la primera vez que comienzo a escribir una entrada para el blog relacionada con el tema hamburgueseril, vamos a ver si consigo acabarlo.

El objetivo de esta entrada, que anticipo será de las largas, es mostrar mi experiencia en el consumo de hamburguesas. Me encantan las hamburguesas y, últimamente, han proliferado por Madrid los restaurantes especializados en ellas. Haré aquí un resumen de las veladas que allí he pasado, intentando ser lo más objetivo posible (reconozco que soy más del continente que del contenido en lo que a hamburguesas se refiere, así que un sitio decorado al típico estilo americano tiene más posibilidades de gustarme que otro que no, pero aquí intentare no dejarme llevar por esas pasiones).

Elimino de este “examen” las cadenas de comida rápida (McDonald’s y similares) porque llevan aquí casi toda la vida. No va a ser tampoco una lista infinita, aún me quedan muchos sitios por probar sólo en Madrid y aparte tengo que repetir en aquellos sitios que ya visité.

 Siempre nos quedará el Big Mac

Voy a intentar llevar un orden cronológico en relación a la primera visita que hice a cada sitio. 

Ahí vamos:

No recuerdo exactamente cuando fui al Alfredo’s Barbacoa, pero será hace dos o tres años. Todo el mundo decía que servían las mejores hamburguesas de Madrid, así que estaba tardando en probarlas.


Mi opinión del sitio no pudo ser peor. Era pequeño (imprescindible reservar), nos sirvieron tarde (la reserva ya era tarde de por sí – a las once de la noche – pero no comenzamos a comer hasta las doce) y la hamburguesa, en mi opinión, estaba bien (y nada más). Reconozco que la compañía con la que fui no era la mejor (espero no tener que borrar nunca este comentario, sería gracioso). También hay que reconocer que no fuimos muy hábiles reservando para nueve personas y presentándonos allí quince. La decoración no era nada del otro mundo, todo el local (pequeño) lleno de banderas de Estados Unidos y de Texas. Me dejan cien dólares y hubiese hecho maravillas redecorando ese sitio.

En definitiva, creo que es evidente que tengo que volver pronto, porque tanta gente no puede estar equivocada. Lo intentaré. Tiene dos locales en Madrid, uno por Cuzco y otro en Lagasca.

La siguiente incursión fue en el Tommy Mel’s. Es el típico Diner americano de los años cincuenta, de hecho, el nombre lo toma de la película American Graffiti. La mesas, la decoración de las paredes, las camareras, la gramola. Comer allí supone sumergirse en una atmósfera nueva y vivir de lleno la aventura americana, jaja.



He estado un par de veces aquí y la experiencia ha sido satisfactoria. La carne, no obstante, no es la de mayor calidad que nos podemos encontrar (no es que sea mala, pero otros sitios le han tomado la delantera a este). Sólo he probado hamburguesas aquí, creo que la primera vez cayó una hamburguesa Tommy Mel’s (la cebolla causó estragos, ya que además pedí como entrante unos aros de cebolla) y la siguiente una Top Cheese, que lleva una mezcla de tres quesos y está riquísima. Hay varios tamaños a elegir y la carne se puede pedir al gusto del cliente. La próxima vez que vaya creo que será hora de meter mano a la carta de perritos calientes.

Me parece que lo mejor de este sitio, sin desmerecer el resto, son los postres. No creo que haya probado un brownie más bueno que el que tome aquí y el Banana Split – plátano mezclado con helados de vainilla, fresa y chocolate y con nata – también estaba muy rico.

Me parece la opción idónea para aquel que quiere tomar una hamburguesa pero no sólo eso, sino que también pretende disfrutar de una velada un poco yanqui. De momento el restaurante no admite reservas así que o se acude pronto o toca esperar.

La siguiente parada en este viaje se encuentra sólo una calle al norte de Pedro Teixeira (donde se encuentra ubicado Tommy Mel’s) y es que en General Yagüe tenemos el New York Burger. Creo que no hay carne mejor que la de este restaurante. El filete es vertical (es decir, es un pegote de carne estrecho y alto) a diferencia del más alargado filete del Tommy Mel’s.



El precio quizá sea un poco mayor al del su vecino del sur pero la calidad de la carne lo compensa. Hay tres tamaños de hamburguesa y bastante variedad de ellas (todas con nombres relacionados con la ciudad de la Gran Manzana) así que creo que pasará mucho tiempo hasta que me adentre en el resto de productos que ofrecen: carnes, perritos calientes, sándwiches y ensaladas. Los postres, estando buenos, no son comparables a los del Tommy Mel’s.

Si lo que queréis es disfrutar de la hamburguesa (y os da igual la decoración del local y del personal del restaurante, ya que esto es el punto débil del New York Burger) esta es la mejor opción. El restaurante se llena así que es necesario reservar.

A continuación iba a hablar del Home Burger cuando me doy cuenta de que nunca he estado allí y que me estoy confundiendo con el House Burger, que está en la calle Andrés Mellado (Moncloa).

Es un sitio acogedor que me sorprendió gratamente por la relación calidad/precio. La carta es bastante amplia y recuerdo que había combinaciones raras de hamburguesas (con queso de cabrales, con aros de cebolla, con foie, etc.).

Igual me equivoco pero creo que no es una opción muy frecuentada (a diferencia de los dos anteriores) que seguro que merece una segunda oportunidad. Me apunto en el debe mi visita al Home Burger.

Precisamente cerca de uno de los restaurantes Home Burger (el que está en el barrio de Malasaña) se encuentra mi siguiente objetivo: TM Burger. Se trata de un sitio más de batalla, que cuenta con espacio para comer dentro del local (ya sea sentado o de pie) pero que hace hincapié en la idea del takeaway


Los precios son irrisorios, pudiendo tomar una hamburguesa con dos ingredientes por menos de cuatro euros. La carta se basa en su sencillez: dos tipos de hamburguesas y dos de perritos calientes. Luego hay patatas fritas como entrantes, tartas y batidos.

No es un sitio para cenar sentado (se puede, pero no hay seguridad de encontrar hueco) si no para meterse algo rápido y continuar con la jornada. Me parece casi imposible conseguir la calidad que ofrecer este local a esos precios (menos de diez euros si incluimos bebida y patatas fritas con extras) en Madrid.

La última parada – hasta ahora – en sitios típicamente americanos en Madrid ha tenido lugar en el Peggy Sue, al que he acudido dos veces en el último mes y medio. He estado en el restaurante de Huertas pero hay multitud de ellos en la capital, en la provincia y otras ciudades de España.



En cuanto a filosofía, es similar al Tommy Mel’s. Aire cincuentero, música adecuada y una carta bastante potente. Las hamburguesas son sólo superadas por las del New York Burger. Riquísima la ensalada de col y también entrantes como las patatas fritas con queso cheddar y bacon. Quiero hacer una mención especial a la hamburguesa Mary Lou (con queso azul) que estaba riquísima.

Los postres tampoco quedan rezagados, hasta ahora he probado la tarta de queso y los rollos de canela y ambos estuvieron geniales.

Además, como punto positivo, este restaurante innova algo con las bebidas (en todos los anteriores echo en falta algo tan típico y americano como una Coca-Cola de vainilla, un ginger ale o un Dr. Pepper), pudiendo disfrutar de una Pink Lemonade que, además, vale la mitad que cualquier otro refresco de la carta.

Ese oscuro objeto de deseo


Destacar también la decoración de los servicios (al menos el de este local de Huertas): la entrada es común para chicos y chicas y los grifos son compartidos…todo ello decorado con fotos de cantantes cincuenteros entre los que no podía faltar Buddy Holly.

Termino aquí este repaso inacabado a sitios típicamente americanos por Madrid y me quedo como tarea pendiente volver a Alfredo’s y probar el Home Burger. Asimismo, otra hamburguesa bastante normalita, barata pero no por ello menos rica es la hamburguesa de la casa del pub irlandés James Joyce, situado en la calle Alcalá entre Cibeles y la Puerta de Alcalá.

jueves, 21 de abril de 2011

Caminando con el destino. Winston Churchill y España. 1874 -1965

Hasta el día 5 de Junio es posible ver en Madrid la exposición Caminando con el destino. Winston Churchill y España: 1874 -1965 en el Complejo “El Águila”, antigua fábrica cervecera de la capital.

Me considero bastante atraído por la figura del estadista británico. En su dilatado paso por este mundo (vivió 90 años a pesar de su afición a los puros y al buen licor) tuvo tiempo de trabajar como periodista, militar, político (destacó su paso como Ministro de Marina – Primer Lord del Almirantazgo – aunque ocupó también otras carteras ministeriales antes de dirigir como Primer Ministro a un país que se encontraba ante su peor amenaza: la Alemania nazi y su Blitzkrieg que ponía en peligro la histórica invulnerabilidad de las islas) y, entre otros, escritor (fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1953). Disfruté leyendo la edición que se hizo para España de la parte de su autobiografía que versaba sobre la Segunda Guerra Mundial (dos tomos de alrededor de mil páginas...siendo los originales seis tomos) y, en cuanto pude, visité las Churchill War Rooms en Londres: las habitaciones privadas – refugios – situadas en Whitehall, a  escasos metros de Downing Street, desde donde se dirigió gran parte de la guerra (la mayoría de los cuartos se mantienen intactos, entre ellos, el salón de mando donde aún se puede observar el sillón del Primer Ministro).



No es extraño, pues, que esta exposición fuese una cita ineludible en mi agenda. La sala donde se ubica forma parte del Complejo “El Águila”, que incluye el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid y la Biblioteca Pública “Joaquín Leguina”. Este complejo está construido sobre la base de la antigua fábrica de cervezas “El Águila” y el conjunto arquitectónico es bastante bonito, a la par que extraño de ver tan cerca del centro (no frecuenté mucho la otra fábrica de cervezas de Madrid, la Mahou frente al estadio Vicente Calderón). Está situado en la calle Ramirez de Prado nº3, a escasos diez minutos andando desde Atocha (justo detrás de la estación de tren de Delicias).


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La exposición me defraudó un poco. Es verdad que es gratuita pero creo que se podía haber estirado la materia un poco más. Quizá soy demasiado exigente. Está compuesta básicamente de fotografías de Churchill, así como de cartas, medallas y otros documentos. Quitando cuatro o cinco fotografías donde aparece Churchill con personalidades españolas (el Rey Alfonso XIII, el embajador Merry del Val, de vacaciones en Tenerife o jugando al polo en el Club de Campo) el resto de imágenes no guardan ninguna relación con nuestro país (recordemos que la exposición – según el título – explora las relaciones del mandatario británico con nuestro país). En cuanto a los documentos existentes, se reproducen cartas personales de su infancia/juventud y otras posteriores. Destacan aquí cartas dirigidas por los embajadores de los dos bandos de la guerra civil a su persona, cartas enviadas a su hijo en las que le aconseja sobre qué hacer en España durante la guerra civil (el hijo estuvo aquí en ese período) y cartas durante la Segunda Guerra Mundial en la que discute con otros mandatarios las acciones a tomar en el caso de que España entrase en la contienda e invadiese Gibraltar. También, me olvidé, hay cartas de Arsenio Martínez Campos, capitán general de Cuba, autorizando la presencia de Churchill entre las tropas españolas en dicho conflicto (como una especie de observador militar). 

Se pueden ver también diversos objetos como un abrigo utilizado por Churchill, una pajarita, su pasaporte o las medallas españolas a él otorgadas (Cruz al Mérito Militar y Medalla de la Campaña de Cuba), aunque no son las originales suyas sino otras idénticas. Las originales se pueden ver en las Churchill War Rooms. Por último, en la primera planta de la exposición, se pueden ver algunas pinturas realizadas por él así como utensilios suyos.

En definitiva, se trata de una exposición algo pobre – no se tarda más de treinta minutos en verla completa, y eso que anduve por cada muestrario y leí todos los carteles – y creo que hubiese sido posible darle algo más de empaque. Además, se hace mucho peso en la relación con España y luego no hay tanto material al respecto.

Pero bueno, la verdad es que para hacer algo “diferente” quizá no sea un mal plan.

sábado, 29 de enero de 2011

Panteón de Hombres Ilustres


"Show me the manner in which a nation or community cares for its dead
and I will measure with mathematical exactness the tender mercies of
its people, their respect for the laws of the land, and their loyalty
to high ideals." 


William E. Gladstone

Acabo de dar a borrar sin querer y me ha desaparecido el artículo que tenía ya medio escrito desde hace una semana. Vamos a no entrar en pánico y a intentar salir de este contratiempo de la forma más honrosa posible, así que vuelvo a comenzar.

La semana pasada visité el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid. Se trata de un edificio pensado para que reposen en él los restos de personajes de especial significancia para la nación. Se encuentra en la calle Julián Gayarre, a apenas cinco minutos caminando de la estación de Atocha, yendo por el Paseo de la Reina Cristina.



La idea se remonta a 1837,  cuando las Cortes Generales aprobaron un proyecto por el que se instaba la conversión de la iglesia de San Francisco el Grande (que aún no he visitado) en Panteón de Hombres Ilustres. Poco después se formó una comisión destinada a estudiar, en primer lugar, qué personajes eran merecedores de ser incluidos en dicho Panteón y, una vez realizada esa tarea, localizar sus restos. Es por ello se dieron por ilocalizables los restos de Cervantes, Lope de Vega o, entre otros, Velázquez. 


Por fin, en 1869, se inaugura el Panteón en una ceremonia grandiosa en la que participan bandas de música, unidades militares, estudiantes, religiosos y políticos formando una comitiva que se extiende por cinco kilómetros. Entre los primeros ocupantes de este edificio se encuentran militares como el Gran Capitán, arquitectos como Ventura Rodríguez o escritores como Quevedo. 


Sucede que los restos permanecieron durante un tiempo en el Panteón para posteriormente volver a sus lugares de origen, quedando el Panteón vacío de contenido y olvidándose poco a poco la idea inicial. En 1890, se retoma ésta con más impulso, ahora sí, en su emplazamiento habitual, aprovechando el enterramiento en la contigua Basílica de Nuestra Señora de Atocha (por aquel entonces, Cuartel de Inválidos) de personajes de una importancia indiscutible como los generales Prim, Castaños y Palafox.

 En 1901 finalizan los trabajos de adecentamiento del nuevo Panteón y se trasladan a él los restos de los militares antes citados, además de personajes ilustres como Mendizábal, Cánovas, Sagasta, Dato o Canalejas (en los años posteriores). 


Sagasta y, al fondo, Eduardo Dato (me gustó la inscripción: nacido para la Patria, muerto por ella)

Monumento funerario de Antonio Cánovas del Castillo.


 Sin embargo, en el siglo XX se vuelve a producir el éxodo de personajes: Castaños a Bailén, Gravina al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, Prim a Rosas, etc. Y de ahí nos encontramos en la situación actual. Con un edificio prácticamente desconocido y deshabitado,  que sólo cuenta con los restos mortales de José Canalejas y, eso sí, con cinco o seis monumentos funerarios que a mí me han parecido muy bonitos. Nada más entrar esta el monumento de Práxedes Mateo Sagasta, que si no me equivoco era el que se turnaba en el gobierno con Cánovas del Castillo a finales del siglo XIX. A continuación está el de Eduardo Dato y seguidamente el enorme monumento de Cánovas. Completa el trío de primeros ministros asesinados José Canalejas, que es el único que todavía reposa allí, con un monumento en el que tres personas le están trasladando hacia su tumba, me pareció muy bonito. Los monumentos de Ríos Rosas y el marqués del Duero son algo más "convencionales". En el patio interior está el mausoleo conjunto, con los restos de Mendizábal, Ponzano, Argüelles o, entre otros, Martínez de la Rosa que no pude visitar al encontrarse cerrado el patio.




Salgo del Panteón y vuelvo sobre mis pasos hacia la estación de Atocha. Continuo andando por el Paseo del Prado hasta Neptuno, veo el Monumento a los Héroes del Dos de Mayo, medio olvidado y escondido, como por vergüenza, que supuestamente recuerda a todos los caídos por España. Y no puedo evitar acordarme de la cita del principio de esta entrada que abría un libro que leí el año pasado sobre el cementerio de Arlington. O sobre la tumba del soldado desconocido del Arco del Triunfo en París. O sobre como nunca faltan coronas de amapolas en los diversos monumentos en honor a los muertos que hay en Londres. 

Alguna vez fuimos como ellos. O lo intentamos.

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