jueves, 23 de junio de 2011

Clarence Clemons (1942 - 2011)

Great sidemen like Clarence Clemons don't get the full appreciation they deserve until they're gone. Slash 

Pasan ya unos días desde la triste noticia pero no puedo dejar de dedicar aquí unas líneas a Clarence Clemons, el saxofonista de la E Street Band. Se veía ya en la última gira – 2009 – como su cuerpo había dicho basta, estaba lento, cojeaba, no se acercaba al micrófono sino que éste iba a él y, también, su sonido no era tan espectacular como antes.

 Portada del Born to Run, hace 36 años.

Llegué tarde a Bruce Springsteen puesto que es prácticamente desde hace dos años que le considero como mi artista favorito. Anteriormente simplemente me gustaba, tenía varios discos suyos – principalmente un Grandes Éxitos – pero no había nada que lo diferenciase de Dire Straits o Bob Dylan, por citar sólo a otros dos artistas que también me gustan. El hecho es que en estos últimos dos años he escuchado y leído todo lo que he podido sobre él y, claro, sobre la E Street Band, donde el bueno de Clarence era, sin lugar a duda, el miembro más destacado de ella. Se trata de la segunda baja en la formación tras el fallecimiento por cáncer del pianista Danny Phanton Federici en el año 2008. Dani fue sustituido y, aunque este no es el momento más apropiado para hablar de ello, yo no veo forma en la que Big Man pueda serlo. Seguramente Bruce y la banda volverán a componer y a tocar, pero ahora ya nada será igual.


Sólo cinco días desde su fallecimiento y la cantidad de homenajes que está recibiendo Clarence dan muestra del tipo de persona que era, de su importancia en la E Street Band y de su influencia en uno de los artistas más destacados del panorama cultural norteamericano en el último cuarto de siglo veinte. Sin querer ser exhaustivos ya se han visto muestras de respeto por parte de U2, Bon Jovi, Coldplay, Eddie Vedder o Phish.

 
Hoy, no su estado natal, pues él nació en Virginia, pero sí el estado que más llora su ausencia, Nueva Jersey (tantas veces puesto en evidencia por temas tan variados como la corrupción política o la mafía, pero que cuenta con una escena musical envidiable) vive un día de luto con las banderas a media asta. Born to Run, The Promised Land, Thunder Road, Bobby Jean o Jungleland no volverán a sonar nunca igual. Pero la vida sigue. A disfrutar este Tenth Avenue Freeze-Out que cuenta la historia de la formación de esta magnífica banda:

 Cruce de la calle E con la Décima Avenida en Belmar, NJ. Aquí comenzó la historia.




Hasta la vista, Big Man.

sábado, 11 de junio de 2011

Into the Wild (2007)

“Rather than love, than money, than fame, give me truth.” Thoreau



El fin de semana pasado, en un momento de aburrimiento, me puse a cotillear el twitter de Esteban Granero, canterano del Real Madrid. La verdad es que la imagen de dandy que cultiva – le llaman el pirata por su barba y su aire desaliñado – le hace justicia. En los últimos días había realizado en la red social comentarios sobre el programa Redes, citado a San Juan de la Cruz y había enlazado vídeos de Bob Dylan (con ocasión de su cumpleaños), Leonard Cohen (y su mítico Hallelujah, que fue objeto de una de mis primeras entradas aquí) y una canción de Eddie Vedder que se llama Society.

La canción quizá sea la más conocida de la banda sonora de la película Into the wild, íntegramente compuesta por Vedder, el líder de la banda Pearl Jam. Leí un poco sobre esa película y tarde poco – no hace ni una semana que descubrí el twitter de Granero, repito – en bajármela y verla. 

La película está basada en la historia real de Christopher McCandless quien, tras graduarse en la Universidad de Emory, decide romper con su vida, con su familia y, en definitiva, con la sociedad, y lanzarse a la aventura, viviendo por si mismo y combinando pequeños trabajos esporádicos que le llevarán por lugares tan variopintos como Arizona, Dakota del Sur, México (en una travesía en kayak por el río Colorado), Los Ángeles y el norte de California para llegar, finalmente, a Alaska.

 McCandless en su "casa" de Alaska

Me gustó la película si bien me parece algo larga (dos horas y media), recreándose demasiado para mi gusto en aspectos triviales de la aventura. McCandless estaba influenciado por escritores como Jack London y Henry Thoreau y, a semejanza de este último, intentaba con esta aventura hacer un ejercicio de separación del mundo que le rodea para así poder conocerse más a sí mismo. 

Este viaje, especialmente en la etapa de Alaska, muestra a mi parecer cómo nos complicamos la vida nosotros mismos, con lo fácil que es vivir prácticamente sin nada. No creo que haya que llevar las cosas al extremo como ocurre en la película (no hace falta irse a Alaska prácticamente sin nada: sin mapas, víveres, etc.) pero muchas veces nos complicamos la existencia y sufrimos por cosas superfluas. 

No obstante, como se muestra en la película, la naturaleza no es siempre amable y al final nuestro protagonista descubre que la verdadera felicidad sólo puede encontrarse cuando es compartida, cosa con la que estoy bastante de acuerdo.

domingo, 5 de junio de 2011

La chica más guapa de la ciudad

Llevo varios días escuchando a Más Birras casi sin descanso. Se trata de un grupo aragonés de rockabilly de los años ochenta y principios de los noventa, con una serie de temas que a mí me parecen bastante buenos, siendo uno de ellos Apuesta por el Rock & Roll, que versionaron sus paisanos de Héroes del Silencio en un disco recopilatorio.

 Mauricio Aznar con su tupé de rocker

El grupo estaba liderado por Mauricio Aznar – ya fallecido – y por Gabriel Sopeña, gracias al cual supe de la existencia del mismo. Sopeña, una especie de humanista, trabajó en los años noventa con Loquillo, participando en varios discos suyos (La vida por delante y Con Elegancia). Estos discos fueron un descubrimiento para mi hace ya año y medio, con ocasión del lanzamiento de una caja conmemorativa de los 30 años de carrera del rocker de Barcelona. Estaba más habituado a los grandes clásicos – Cadillac Solitario, Rock & Roll Star o El Rompeolas, por quedarme sólo con tres – y, aunque había asistido a un concierto hace ya algunos años en el que interpretó sus temas del disco Balmoral, esa otra faceta suya me era desconocida. Gracias a esos discos he descubierto piezas cumbres de personajes como Jaime Gil de Biedma, Luis Alberto de Cuenca o Manuel Vázquez Montalbán. De ahí que me interesase saber más quién era este señor, Gabriel Sopeña.

 Sopeña y Loquillo

Gracias a Google no costó nada descubrir a Más Birras. Lo que no he podido ya es hacerme con grabaciones suyas, no estoy muy puesto en las descargas pero no he encontrado nada. Los discos, supongo, estarán ya descatalogados y por Spotify no hay nada. Así que sólo me queda el youtube.

Aparte de la canción popularizada por Héroes, me parece que Cass es la que más he escuchado. Basada en un relato del escritor maldito Charles Bukowski, estaba compuesta por Gabriel Sopeña y contiene una mezcla de melancolía y felicidad que, creo, me impide parar de escucharla.


Nos gustaba Cass
la chica mas guapa de la ciudad
su forma angelical de pisar la nieve
mientras tararea la última estrofa de Dylan.
Su manera tan dulce de guiñar
como si estuviera recitando un poema
o pintándose los labios
en el espejo de cualquier fotografía.
Nos gustaba que tuviera las piernas morenas
y se riera como un Sábado.
Pobre Cass, tenía que morir como una Diosa, nuestra.
Arrollada por un Chevrolet
y un repartidor de Coca-Colas
y ahora un policía nos robó todas las lágrimas.

 Y ahora la lloramos
 todos y enviamos violetas
 a direcciones inventadas
 todas dirigidas
 todas dirigidas
 todas dirigidas a Cass,
 la chica mas guapa de la ciudad.

Pero solo hemos aprendido
a silbarte una nueva canción
es para tí Cass,
que estabas tan harta de la vida
que te tumbabas desnuda bajo el sol
de las cinco de la tarde.
Es para ti,
que nos reprochaste tantas veces
nuestro aire de perritos derrotados

 Y ahora la lloramos
 todos y enviamos violetas
 a direcciones inventadas
 todas dirigidas
 todas dirigidas
 todas dirigidas a Cass,
 la chica mas guapa de la ciudad
 la chica mas guapa de la ciudad
 la chica mas guapa de la ciudad.

viernes, 3 de junio de 2011

El periódico de ayer

We have the illusion that people have conversations in order to communicate ideas; they communicate ideas in order to have conversations.   Nassim Nicholas Taleb

Tengo pendiente escribir una entrada sobre Fooled by Randomness, un libro de Nassim Nicholas Taleb (más conocido por un libro posterior llamado The Black Swan, sobre los fenómenos de gran impacto – como las crisis financieras – pero cuya frecuencia es muy baja). No sé si la escribiré, porque el libro hace ya más de mes y medio que lo acabé y, no sé si esto le pasa a más gente, pero tengo una capacidad increíble para olvidar rápidamente todo aquello que leo (a veces es algo frustrante). En cualquier caso, si finalmente escribo algo sobre el libro, no será más allá de la semana que viene, porque posteriormente me vienen ciertos compromisos que seguro harán que me olvide del tema. Es un libro altamente recomendable, en mi opinión.

 
Pero quería escribir aquí de otra cosa que he hecho a raíz de leer este libro y que ha sido suscribirme a la revista The New Yorker. Ya llevaba tiempo con esa intención pero me echaba para atrás el poco tiempo libre que tengo y no me apetecía pagar una suscripción para no poder leer nada luego (aquí viene al pelo esta noticia publicada en el diario satírico norteamericano The Onion, referida al semanario británico The Economist).

Una de las ideas que desarrolla Taleb en este libro es la excesiva importancia que prestamos al “ruido”, a elementos aleatorios, fuera de nuestro control, pero que afectan a las circunstancias en las que se desarrolla nuestra vida. Ponemos la radio y un “experto” indica que la bolsa ha subido en la sesión de hoy un 0.4% debido a la incertidumbre con el suministro de petróleo derivado del conflicto en Libia. Pero mañana es ese mismo conflicto – sin que haya habido ningún avance evidente – el que sirve al comentarista radiofónico para justificar una subida de los mercados. Leo – o leía – el periódico y me pregunto si es necesario saber al dedillo el nombre del Presidente de la Región de Murcia y las medidas que está llevando a cabo. O que músculo le duele a Ronaldo.

Ya llevaba algunos meses mascando esta idea, como comenté anteriormente, y creo que fue leyendo esta entrevista al editor de la revista, David Remnick, la que volvió a dar impulso a mis intenciones (como veis, soy de pensarme las cosas mucho). Aquí decía eso de no hay nada más viejo que el periódico de ayer o la revista Time de la semana pasada.

 
Leyendo Fooled by Randomness, Taleb afirmaba que, a pesar de ser un trader (es decir, que se dedica a operar en los mercados financieros comprando y vendiendo activos como parte de un fondo de inversión o un banco), prefería leer The New Yorker al Wall Street Journal (salvo la sección de obituarios, que no se la perdía). Esto y un tipo de cambio bastante atractivo hicieron que me convirtiera en lector de esta revista desde hace un mes aproximadamente.

Aún no la he cogido el tranquillo del todo, pero estoy bastante contento. Generalmente la revista contiene entre 5 y 6 piezas largas así como algunos artículos más cortos (The Talk of the Town y artículos sobre libros, cine y teatro) y también la – superflua mientras no viva en Nueva York – agenda cultural de la Gran Manzana. 

Lo que me gusta es que se trata de artículos atemporales, en el sentido de que no pasa nada si los lees el mes que viene, siguen siendo igual de interesantes y oportunos. Estoy seguro de que lo que vaya leyendo en esta revista me dará ideas para escribir aquí en el futuro.

Ahora os dejo con este artículo que acabo de leer y que mezcla el mundo de las relaciones personales…con el beisbol (hay también en la revista textos de ficción, artículos humorísticos como este y multitud de viñetas):

jueves, 26 de mayo de 2011

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